Durante esta semana más de cuarenta países de lo que ahora llamamos Europa y que por primeras veces desde que existe la Tierra se tratan con ciertas cortesías, han competido, pero solo y amistosamente por un concurso de “canciones”… Eurovisión… ¡Felicidades Europa!, que no luchas con espadas… que no impones dictaduras… que no invades… solo votas por teléfono… por unos sonidos y poesías…¡Eso es civilización!.
Han desfilado varones y mujeres guapísimas y elegantísimos…con coreografías de circo y músculos de acero… ritmos duros y étnicos, saltos, fuegos artificiales y vestuarios de ensueño….
Pero al final, y con clara ventaja, en contra de técnicos y expertos, ha vencido una suave melodía… dos jóvenes, que vestidos de blanco y sin saltos, solo se miraban… cantaban el uno para la otra…
El presentador, que nunca debió ser amante, los llamaba “la parejita”… con ese aire de “ñoñez” que ponen los frustrados cuando no pueden disfrutar de lo que ven…Y nos aseguraba que no había “nada entre ellos”…¿"proyección de sus delirios folletinescos”?… Lo cierto es que entre los “entendidos” nadie esperaba que algo tan sencillo, tan aburrido, tan blanco, tan limpio… pudiera ganar el espectáculo… sin leones ni tigresas… Nadie preveía que lo que nos gusta a los 150 millones de espectadores de este festival…de este viejo territorio harto de sangre y odios.... fuera tan sencillo… como su majestad… el AMOR
A veces me siento orgulloso de ser humano… y de vivir en Europa… pero solo a veces…
Escrito por: Javier Morera Betés


