lunes, 29 de julio de 2019

CUENTOS QUE NO SON CUENTO


En estos meses de verano, los niños tienen vacaciones y los adultos pueden estar mas libres, incluso mas aburridos de lo que están siempre y por esas razones sería deseable que los mayores contaran cuentos a los pequeños, así los grandes de distraerían de esas aficiones tan consumistas que gastan y los infantes aprenderían algo de esos ocupados ciudadanos que corren durante horas en sus trabajos y viajes para sentarse en terrazas mientras se les escapa la vida y su oportunidad vital de hacer familia.

En verano dedicamos unas sesiones a los cuentos. Cuentos entrañables y arcaicos, recolectados por los clásicos y recuperados en cada generación por románticos y nostálgicos de esas moralejas y esos relatos ya pretéritos.
Unos cuantos autores, muchos títulos, ediciones en mucha letra o en todo dibujo… tu decides… Lo mejor leerlo en letra y contarlo en palabras con tus voces y tus gestos, dialogando, preguntando, exagerando y adaptando a cada niño y a cada situación esos temas principales del cuento elegido, minimizando o recortando detalles… con reposo y pendiente de emociones, de reacciones, de miedos y de angustias…

Contar un cuento es vivir un rato al lado del niño... es ser el mundo para ese niño… es conocer al niño en sus respuestas al cuento y sus retos…
Contar un cuento es vivir en el niño y penetrar en sus pensamientos…
Contar un cuento es vivir una situación crítica para el niño… con posibles soluciones, con magia, con inteligencia, con amor…

Contar un cuento es tender una mano a un niño para que ascienda con nuestra compañía por esa escalera de magia, inteligencia y amor…

Contar un cuento es buena cosa, aunque sea el niño quien se lo cuente al adulto triste y angustiado que somos la mayoría, para ayudarnos a sobrevivir en un mundo en el que estamos cada vez más perdidos y tenemos menos guías a quien seguir…



Escrito por: Javier Morera

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