sábado, 29 de agosto de 2015

“LABERINTO ESPIRITUAL Y LABERINTO TERRENAL”


Parece ser que el autor quería titularlo “La Abadía del Crimen” pero lo descartó para no dar una idea confusa sobre el tema del libro… para que no lo leyésemos solo por la trama policíaca… su sueño era titularlo “Adso de Melk”, pero al rechazarlo la editorial, finalmente lo tituló “El Nombre de la Rosa”.

Es un título misterioso y acertado, con él te atrae a curiosear su contenido, a leer sus páginas, a introducirte en esa erudita, filosofica y detectivesca trama… y cómo ocurre en la biblioteca, cada vez queremos saber más, comprender más, conocer más y saboreamos ese “fruto dulce de una raíz amarga”.

La Rosa como Biblioteca… una flor que seduce por su fragancia, por su color y con sus delicados pétalos que forman un coqueto laberinto… por todo ello, se parece a la enigmática biblioteca que custodia celosamente el saber, el misterio del conocimiento… coquetea con sus tesoros que guarda, atrae con la ilusión de saber más y más… pero es engañosa, confusa, peligrosa, mortal… en ella, buscas encontrarte y te pierdes más… así es el conocimiento… cuánto más sabes, más sabes que no sabes… pero más deseas saber… se muestra inalcanzable… es como la manzana de Eva… ¡Que bien la conoce, Umberto!, es un laberinto espiritual pero también terrenal… porque la biblioteca custodia las obras de la humanidad…

“Estaban dominados por la biblioteca, por sus promesas y sus interdicciones. Vivían con ella, por ella y, quizá, también contra ella, esperando, pecaminosamente, poder arrancarle algún día todos sus secretos.”

Porque de alguna forma los libros están hechos por humanos, pero a su vez, en ellos se recoge lo más espiritual de la humanidad… son elementos místicos… puentes entre el cuerpo y el alma…

 “La biblioteca se defiende sola, insondable como la verdad que en ella habita, engañosa como la mentira que custodia. Laberinto espiritual, y también laberinto terrenal. Si lográis entrar, podrías no hallar luego la salida”. 



Escrito por: Eva Morera

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