jueves, 6 de marzo de 2025

MARIANO JOSÉ DE LARRA Y EL CARNAVAL

 


 

Seguimos revisando el tema del Carnaval, desde autores que lo han vivido y plasmado en sus escritos, y gracias a ellos conocemos como era y más aun, como lo vivieron estos interesantes protagonistas de nuestras queridas bibliotecas.

Hemos visto a Goethe como nos relató su carnaval en Roma en febrero de 1788. Unos años después, en Madrid, el 14 de marzo de 1833, nuestro famoso escritor, periodista y político Mariano José de Larra, publicaba en “El Pobrecito Hablador”, un artículo que todos conocemos: EL MUNDO TODO ES MASCARAS. TODO EL AÑO ES CARNAVAL.

El famoso y desdichado romántico (Madrid 1809-1837) nos relata en su artículo varias situaciones tanto de sus preocupaciones como de crítica social… que aun estando en la primera fase de su corta trayectoria, y por ello no la más oscura, ya se nota en sus líneas los ácidos comentarios y triste desesperanza que pronto se harán crónicos y patológicos en sus últimos escritos…

Nos cuenta que no quiere ir al carnaval… que resulta arrastrado por un amigo… que no comprende esa diversión y que censura y ridiculiza a los que van y se esconden con máscaras, sin saber para qué, ni encontrar, las mas de las veces, el placer y la aventura que persiguen…

Hipocresía, engaño, fraude y desilusión se dibuja en su relato… y sigue aprovechando para enconar su crítica hacia médicos y abogados… para resaltar el engaño en los servicios de comida, que sirven poco y cobran mucho…el atasco, el tumulto que incluso provoca la pérdida de su capa… la confusión con idénticos disfraces..

Elijo una cita de este texto, que curiosamente, bien se puede comparar con el que tomé de Goethe, en el artículo anterior, si bien la actitud y el tono de este resultan más serenos y amables que los de nuestro joven Mariano José de Larra.

“Ni me sé explicar de una manera satisfactoria la razón en que se fundan para creer ellos mismos que se divierten un enjambre de máscaras que vi buscando siempre, y no encontrando jamás, sin hallar a quien embromar ni quien los embrome, que no bailan, que no hablan, que vagan errantes de sala en sala, como si de todas les echaran, imitando el vuelo de la mosca, que parece no tener nunca objeto determinado. ¿Es por ventura un apetito desordenado de hallarse donde se hallan todos, hijo de la pueril vanidad del hombre? ¿Es por aturdirse a sí mismos y creerse felices por espacio de una noche entera? ¿Es por dar a entender que también tienen un interés y una intriga? Algo nos inclinamos a creer lo último, cuando observamos que los más de éstos os dicen, si los habéis conocido: «¡Chitón! ¡Por Dios! No digáis nada a nadie». Seguidlos, y os convenceréis de que no tienen motivos ni para descubrirse ni para taparse. Andan, sudan, gastan, salen quebrantados del baile... nunca empero se les olvida salir los últimos, y decir al despedirse: «¿Mañana es el baile en Solís? Pues hasta mañana». «¿Pasado mañana es en San Bernardino? ¡Diez onzas diera por un billete!»”

Aunque ya se nos escapa este año el tiempo de Carnaval, seguiremos tratando la estela que esta curiosa fiesta nos deja en admirados autores.

 

Escrito por: Javier Morera

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