Recorriendo estos relatos literarios que del
carnaval nos han dejado los admirados y famosos escritores, también quiero
traer a nuestra memoria, al bien conocido y siempre actual bostoniano Edgar Allan
Poe (1809-1849).
Poe nos resulta un autor atrayente y curioso con sus
narraciones, sus historias, sus fantasías y sus visiones tan especiales. Tal
vez sea el mas romántico de los escritores americanos, o tal vez el único
verdaderamente romántico, pero también es fundador de nuevas tendencias
hijastras del romanticismo y la novela fantástica y de misterio, que ha dado
origen a mil variedades y estilos, propagándose por, cómics, teatro películas…
En este autor, el motor de la creación literaria está
muy alimentado por el miedo, lo desconocido, lo místico misterioso… lo
sobrenatural en sus formas menos placenteras y si mas terroríficas…
Como típico romántico, también vivió poco, pero nos
dejó muchas obras, la mayoría relatos cortos, donde en pocas páginas nos
engancha en toda una atrapante sucesión de cambios e intrigas que nos suelen
llevar a un desenlace sorprendente y muchas veces tétrico.
Una constante de su obra, es la huida de su gran
perseguidora y constante amenaza… la muerte… Como le ocurrió al autor… en sus
obras es pauta recurrente verse al filo, perseguido y acosado por la muerte en
sus mil formas macabras.
También tiene escritos en que hay bailes de mascaras
y fiestas de ocultación con disfraces… y en uno de sus relatos, titulado: LA
MUERTE ROJA, se puede apreciar como aprovecha el tema de las máscaras para
proyectarse él y su continuo escapar de la muerte.
Os pongo un fragmento de esta narración que podéis
encontrar en sus obras…
“Pero, por cierto terror indefinible que la audacia insensata de la
máscara había inspirado a todos los allí reunidos, no hubo nadie que pusiera la
mano en ella, aun cuando, sin encontrar ningún obstáculo, pasó a dos pasos de
la persona del príncipe; y en tanto que la inmensa asamblea, como si obedeciera
a un solo movimiento, retrocedía del centro de la sala a las paredes, la
máscara continuó su camino sin interrupción, con aquel mismo paso solemne y
mesurado que la había singularizado desde el principio, de la sala azul a la
sala púrpura, de la sala púrpura a la sala verde, de la verde a la anaranjada,
de ésta a la blanca, y de la blanca a la violeta, antes de que nadie hiciera un
movimiento decisivo para detenerla. Fue entonces, cuando el príncipe Próspero,
exasperado de ira y de vergüenza por su momentánea cobardía, se lanzó
precipitadamente a través de las seis salas sin que nadie lo siguiera, porque
un terror mortal se había apoderado de todo el mundo. Blandía un puñal y se
había aproximado impetuosamente a una distancia de tres o cuatro pasos del
fantasma que se batía en retirada, cuando éste, llegado a la proximidad de la
sala de los terciopelos, se volvió bruscamente y afrontó a quien lo perseguía.
Sonó un grito agudo, y el puñal se deslizó relampagueante sobre la alfombra
fúnebre, donde el príncipe cayó muerto un segundo después. Entonces, invocando
el frenético valor de la desesperación, una multitud de máscaras se precipitó a
la vez en la sala negra, y, asiendo al desconocido que se mantenía, como una
gran estatua, rígido e inmóvil a la sombra del reloj de ébano, se sintieron
sofocados por un terror sin nombre, al ver que no había ninguna forma palpable
bajo el sudario y la máscara. Todos reconocieron entonces la presencia de la
Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la noche.”
Seguiremos revisando otras visiones del carnaval desde distintos autores.
Escrito
por: Javier Morera
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