martes, 4 de junio de 2019

EDAD DECISIVA


Leer tiene muchas ventajas. Si lees un libro, una historia, siempre estas centrando y contextualizando unos personajes, los intentas entender y hasta exculpar en sus conductas mas extrañas e incomprensibles… aplicas la psicología que sabes y la sociología que conoces… Luego te centras en los momentos históricos donde se desarrolla la acción, donde viven y sufren los protagonistas… Y así actualizas la Historia, la Geografía, hasta la Antropología cultural de esas fibras sociales que traman sus vidas y sus intrigas…

Si lees esta cita del capitulo III de la Primera parte de la obra “Edad Prohibida” de Torcuato Luca de Tena, enseguida te animas a entender donde están y como eran aquellos tiempos… y aplicas… y explicas… y entiendes… y te gusta…

“Anastasio había renunciado desde pequeño a buscar el porqué de muchos secretos. Sabía que había cosas inexplicables sobre las que no valía la pena meditar ni averiguar la causa. Eran de esta manera y no de otra «porque sí». ¿Por qué habían matado a su padre? ¿Por qué? ¿Por qué había guerra?”....

Mas adelante, en esta larga obra del académico español del siglo XX, nos encontramos con un párrafo muy curioso donde el autor nos esta dando toda una reflexión de cierta corriente filosófica de esos tiempos… ¡Seguro que ya lo sabias! Por eso es bueno leer, ya que nos enteramos y entendemos mas y mejor del mundo… no solo del actual… también de los pasados y lejanos…

“Durante mucho rato, rieron, saltaron, hicieron ejercicios gimnásticos, nadaron, bucearon, hasta que pasada una hora larga, el embromado pidió que cesara la broma y le acercaran la ropa a la orilla, pues estaba claro que para vestirse no iba a atravesar la playa en cueros vivos. Enrique replicó que si no lo hacía era un cobardica, y que al que le acercara la ropa le partía la cara. Como las opiniones se dividieron, y algunos, más sensatos, opinaban que las bromas pesadas debían reservarse para los que no eran amigos, Enrique expuso con toda seriedad y formalidad, como quien desarrolla una teoría desde la cátedra, que cada día debía estar marcado con el signo de algo extraordinario; pues en caso contrario, la vida no merecía la pena de vivirse.

Y le había tocado el turno de víctima a Javier (que así se llamaba el despojado de sus vestiduras), lo cual era una lástima, por la desgraciada circunstancia de ser amigo entrañable de todos. Pero que el hecho fortuito de la amistad no podía en modo alguno influir en variar «la órbita natural de los acontecimientos» y que la broma debía seguir su curso hasta el final. Javier debía, pues, escoger entre irse a su casa atravesando la ciudad tan desnudo como había nacido, o permanecer en el agua hasta la muerte.
—Es el destino, Javier. No puedes eludirlo. Hoy te ha tocado a ti”.

Y lo único mejor que leer un buen libro… es poder compartir con buenos tertulianos, cultos y amigables, las muchas cosas que cada uno sabe y todos aportan… con la agradable sonrisa del placer compartido… e inteligente…
Y recuerda que en esas edades tan complicadas de la adolescencia, lo mejor es leer para poder “vivir” tantas experiencias y aprendizajes que vienen en los libros… Los libros son decisivos en las edades decisivas… y siempre.




Escrito por: Javier Morera

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