martes, 11 de junio de 2019

EL MIEDO QUE NOS MATA




Esta semana en la que estamos, nos citaremos para comentar un libro escrito por un romántico, pero no de los más típicos de esa literatura de caballeros y hazañas… Trataremos a Edgar Allan Poe en su novela “LAS AVENTURAS DE ARTHUR GORDON PYM, que como todos sabéis es un clásico de este autor de relatos y fantasías… También una obra muy conocida y querida por muchos.

Las aventuras se suceden y los problemas y vicisitudes del protagonista también. Hay sucesos posibles y otros inverosímiles… Te encuentras con lugares reales y otros imaginados… Y especialmente aparecen un buen número de circunstancias penosas y de miedos que hoy tenemos catalogados y que parecen recorrer el tratado de semiología psiquiatrica de una buena asignatura de Facultad Universitaria.

Tanto es así, que no seria recomendable su lectura a personas frágiles emocionalmente, para evitar posibles contagios o simpatías con los síntomas que tanto les afecta a los llamados hipocondríacos.
En el capitulo XXIV, que se titula ¡EVADIDOS!, nos encontramos este párrafo que copio:

“Hasta los cuatro o cinco primeros escalones todo fue bien, pero pensando luego en la inmensa altura que aún tenia que recorrer, en lo frágil de las clavijas y en lo resbaladizo de los agujeros, por mas que traté de mirar fijamente la pared, sentí que no podía sostenerme mas. Sucedió a mis reflexiones la crisis de la imaginación, tan temible en casos de esta naturaleza, la crisis en que llamamos a nosotros las impresiones que deben hacernos caer, figurándonos el dolor de estomago, el vértigo, la resistencia suprema, el sincope y todo el horror de una caída perpendicular y precipitada. Yo veía entonces que estas imágenes se transformaban por si mismas en realidades y que todos los horrores evocados pasaban sobre mi. Temblábanme las rodillas y mis manos soltaban la cuerda: zunbábanme los oídos y me decía: “Este es el frío de la muerte.” Sentí un deseo irresistible de mirar debajo de mí; no quería, no podía condenar mis ojos a no ver más que la pared, y por una emoción extraña, indefinible, de horror y de opresión, mire al abismo.”

Es de suponer, al leer estos fragmentos, que nuestro escritor conoció bien esta situación, ya que es descrita con detalle y la clara conciencia de que le ocurre y le va a ocurrir lo inevitable… O tenía amigos muy sensibles que le contaron estas experiencias…

En esta y otras escenas, terminas “viviendo” el relato sin la necesidad de ruidos y efectos especiales que tanto gustan en estas épocas tan de película escandalosa. 



Escrito por: Javier Morera

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