lunes, 6 de marzo de 2017

EL RUISEÑOR, EL PRÍCIPE Y UN GIGANTE

“-Dijo que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas -exclamó el joven estudiante-;  pero no hay ni una sola rosa roja en todo mi jardín.
Desde su nido en la encina le oyó el ruiseñor, y miró a través de las hojas y se quedó extrañado.
-Ni una sola rosa roja en todo mi jardín -exclamó el estudiante; y sus hermosos ojos se llenaron de lágrimas.
-¡Ah, de qué cosas tan pequeñas depende la felicidad! He leído todo lo que han escrito los sabios, y son míos todos los secretos de la filosofía; sin embargo, por no tener una rosa roja, mi vida se ha vuelto desdichada.”


(…)

Dominando la ciudad, sobre una alta columna, descansaba la estatua del Príncipe Feliz. Cubierta por una capa de oro magnífico, tenía por ojos dos zafiros claros y brillantes, y un gran rubí centelleaba en el puño de su espada.
Era admirado por todos: “Es tan hermoso como el gallo de una veleta” -afirmaba uno de los dos concejales de la ciudad que deseaba ganar fama como conocedor de las bellas artes- “nada más que no resulta tan útil” -añadía, temiendo que las gentes pudieran juzgarle impráctico; cosa que en realidad no era.
-“¿Por qué no puedes ser como el Príncipe Feliz?” -decía una madre razonable a su pequeño que lloraba por alcanzar la luna- “Al Príncipe Feliz nunca se le ocurre llorar por nada””.


(…)

“Cada tarde, a la salida de la escuela, los niños se iban a jugar al jardín del Gigante.
Era un jardín amplio y hermoso, con arbustos de flores y cubierto de césped verde y suave. Por aquí y por allá, entre la hierba, se abrían flores luminosas como estrellas, y había doce albaricoqueros que durante la Primavera se cubrían con delicadas flores color rosa y nácar, y al llegar el Otoño se cargaban de ricos frutos aterciopelados. Los pájaros se demoraban en el ramaje de los árboles, y cantaban con tanta dulzura, que los niños dejaban de jugar para escuchar sus trinos.
—¡Qué felices somos aquí! —se decían unos a otros.”


(…)

Oscar Wilde vuelve a nuestro club… ya hablamos de “El Retrato de Dorian Gray” y de “La Importancia de Llamarse Ernesto”. Este viernes hablaremos de tres de sus conocidísimos cuentos…
Comparto una cita de cada uno... Seguro que sabéis cuáles son… pero lo importante, además de la belleza de la narración, son los sentidos y valores que encierran estos fragmentos de la exquisita inteligencia de Wilde.

Escrito por: Javier y Eva Morera