En escasos cien años, la mayor parte de la humanidad
ha pasado de vivir en ambientes naturales donde solo se oían esos sonidos
típicos de los elementos y animales del entorno, junto a la voz y los efectos
de las personas a una situación de exceso de sonidos compitiendo por atraer...
junto a otros ruidos molestos e indeseables producto de la industria, la
locomoción, el hacinamiento… la potencia y fecundidad de los medios de
comunicación nos llenan e invaden de ruidos tanto ópticos como acústicos…
colores, alarmas, gritos, destellos, músicas y consignas, publicidad… todo para
llamar nuestra atención hasta abotagar nuestros más altos umbrales de paciencia
y confort.
Amber
Hatch, con su tranquilidad
y calma budista, en su libro El Arte del
Silencio, nos recuerda este problema
y en sus capítulos sencillos y relajados nos programa tres grandes acciones
para defendernos de ese constante y perturbador ruido…
La primera parte de este manual nos lleva a buscar y
propiciar como “silenciar el ambiente”… optar por la simplicidad, aburrirse,
aislarse… crear bolsas de silencio en nuestro tiempo, en nuestro entorno, en
nuestra vida… para conseguir el silencio con sus consecuencias como son la
introspección, la conciencia plena… cuesta tiempo y hay que olvidar la prisa y
las multitareas simultaneas, pero se va consiguiendo día a día.
Con el apartado de “cultivar las relaciones
apacibles”, nos adentramos en nuestras compañías, nuestros ambientes y nuestros
gustos…escuchar, atender, salir de lo innecesario en diálogos y en discusiones
inútiles… callar… pensar… decidir y evitar lo prescindible de nuestra
bulliciosa cultura ciudadana.
Y por último, con el capítulo dedicado a “fomentar
el silencio interior”, esta autora nos lleva a lo importante… buscar la calma
interior en nuestro silencio… practicar la conciencia y la trascendencia,
entrar en el sosiego y la relajación… Hacer espacio para “nada”… silencio… como
intención y como actitud… huir del exceso de estímulos, de comunicación… salir
del consumo de sonidos… llegar al lugar del silencio… para poder ser… sin ser
conducido ni seducido… sin miedo, sin guía…
Escrito
por: Javier Morera


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