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domingo, 3 de abril de 2016

LA MISMA HISTORIA SE CONTINUÓ REPITIENDO



Ayer, 2 de abril de 2016, se cumplían 211 años del nacimiento de Hans Cristian Andersen. Un tipo curioso, inteligente y romántico… que recogió cuentos e historias como hacemos los románticos… nos lanzó sus mensajes entre hadas y animales y nos identificó situaciones tan importantes como el del “patito feo”.
En un fragmento que os dejo de uno de sus cuentos, hay una sabiduría que se nos destila en la moraleja… seamos como seamos, todo pasa… hagamos lo que hagamos, poco cambia… nuestra vida son decisiones y nos marcan, nos definen, nos delimitan y nos clasifican… pero la vida sigue, el tiempo y nosotros pasamos… pronto ya no seremos nada…

El Caracol y la Rosa (fragmento)
–Esperamos mucho de ti –dijo el rosal–. ¿Podría saberse cuándo me enseñarás lo que eres capaz de hacer?
–Necesito tiempo para pensar –dijo el caracol–; ustedes siempre están de prisa. No, así no se preparan las sorpresas.
Un año más tarde el caracol se hallaba tomando el sol casi en el mismo sitio que antes, mientras el rosal se afanaba en echar capullos y mantener la lozanía de sus rosas, siempre frescas, siempre nuevas. El caracol sacó medio cuerpo afuera, estiró sus cuernecillos y los encogió de nuevo.
–Nada ha cambiado –dijo–. No se advierte el más insignificante progreso. El rosal sigue con sus rosas, y eso es todo lo que hace.
Pasó el verano y vino el otoño, y el rosal continuó dando capullos y rosas hasta que llegó la nieve. El tiempo se hizo húmedo y hosco. El rosal se inclinó hacia la tierra; el caracol se escondió bajo el suelo.
(…)
– ¿Darle? ¿Darle yo al mundo? Yo lo escupo. ¿Para qué sirve el mundo? No significa nada para mí. Anda, sigue cultivando tus rosas; es para lo único que sirves. Deja que los avellanos produzcan sus frutos, deja que las vacas y las ovejas den su leche; cada uno tiene su público, y yo también tengo el mío dentro de mí mismo. ¡Me recojo en mi interior, y en él voy a quedarme! El mundo no me interesa.
Y con estas palabras, el caracol se metió dentro de su casa y la selló.
– ¡Qué pena! –Dijo el rosal–. Yo no tengo modo de esconderme, por mucho que lo intente. Siempre he de volver otra vez, siempre he de mostrarme otra vez en mis rosas. Sus pétalos caen y los arrastra el viento, aunque cierta vez vi cómo una madre guardaba una de mis flores en su libro de oraciones, y cómo una bonita muchacha se prendía otra al pecho, y cómo un niño besaba otra en la primera alegría de su vida. Aquello me hizo bien, fue una verdadera bendición. Tales son mis recuerdos, mi vida.
Y el rosal continuó floreciendo en toda su inocencia, mientras el caracol dormía allá dentro de su casa. El mundo nada significaba para él.
Y pasaron los años.
El caracol se había vuelto tierra en la tierra, y el rosal tierra en la tierra, y la memorable rosa del libro de oraciones había desaparecido... Pero en el jardín brotaban los rosales nuevos, y los nuevos caracoles seguían con la misma filosofía que aquél, se arrastraban dentro de sus casas y escupían al mundo, que no significaba nada para ellos.
Y a través del tiempo, la misma historia se continuó repitiendo...
  

Escrito por: Javier Morera

sábado, 29 de agosto de 2015

“LABERINTO ESPIRITUAL Y LABERINTO TERRENAL”


Parece ser que el autor quería titularlo “La Abadía del Crimen” pero lo descartó para no dar una idea confusa sobre el tema del libro… para que no lo leyésemos solo por la trama policíaca… su sueño era titularlo “Adso de Melk”, pero al rechazarlo la editorial, finalmente lo tituló “El Nombre de la Rosa”.

Es un título misterioso y acertado, con él te atrae a curiosear su contenido, a leer sus páginas, a introducirte en esa erudita, filosofica y detectivesca trama… y cómo ocurre en la biblioteca, cada vez queremos saber más, comprender más, conocer más y saboreamos ese “fruto dulce de una raíz amarga”.

La Rosa como Biblioteca… una flor que seduce por su fragancia, por su color y con sus delicados pétalos que forman un coqueto laberinto… por todo ello, se parece a la enigmática biblioteca que custodia celosamente el saber, el misterio del conocimiento… coquetea con sus tesoros que guarda, atrae con la ilusión de saber más y más… pero es engañosa, confusa, peligrosa, mortal… en ella, buscas encontrarte y te pierdes más… así es el conocimiento… cuánto más sabes, más sabes que no sabes… pero más deseas saber… se muestra inalcanzable… es como la manzana de Eva… ¡Que bien la conoce, Umberto!, es un laberinto espiritual pero también terrenal… porque la biblioteca custodia las obras de la humanidad…

“Estaban dominados por la biblioteca, por sus promesas y sus interdicciones. Vivían con ella, por ella y, quizá, también contra ella, esperando, pecaminosamente, poder arrancarle algún día todos sus secretos.”

Porque de alguna forma los libros están hechos por humanos, pero a su vez, en ellos se recoge lo más espiritual de la humanidad… son elementos místicos… puentes entre el cuerpo y el alma…

 “La biblioteca se defiende sola, insondable como la verdad que en ella habita, engañosa como la mentira que custodia. Laberinto espiritual, y también laberinto terrenal. Si lográis entrar, podrías no hallar luego la salida”. 



Escrito por: Eva Morera

miércoles, 26 de agosto de 2015

CREER Y SABER


Como todos ya sabéis y estáis releyendo, esta semana tenemos una cita con el semiólogo, Umberto Eco y su estupenda novela histórica, El Nombre de La Rosa.
Hay tantas historias dentro de esta historia novelada… hay tantas citas y comentarios de autores y filósofos encriptados entre estas paginas… que resulta difícil ponderar y decidir que es lo mas relevante de la obra para realizar y realzar este post…
Al fin, me quedo con este párrafo que os copio… donde Guillermo de Baskerville le esta explicando a su discípulo Adso, algunas características definitorias entre ciencia y lo que no lo es… dudas en las que todos nuestros doctos ciudadanos cometen errores…
¿Quién no dice:   creo que llegaré a la hora… cuando es lo correcto: calculo que? …
¿Quién no utiliza… esta demostrado que los bancos nos engañan… cuando deberían decir… los contratos con los bancos son muy exigentes?…
Es especialmente sabroso el juego de palabras y de cruces semánticas en la frase de Adso… que lastima no tener alumnos así… que lastima que no se lean y se saboreen estos libros… que lastima que solo se conozca la película… que lastima que para tanta gente de hoy… esto sea un libro denso y pesado… y las 50 sombras sea ameno y ligero…
¡Qué lastima… que se sepa tan poco y canse tanto a tantos, el aprender un poco ¡
¡Que lastima que no sepamos que no sabemos y que creamos que todos saben tan poco como lo poco que sabemos!
Es como si al oír hablar a dos alemanes… y no entender el idioma… pensáramos con la mentalidad egocéntrica del absurdo mental… yo no los entiendo… luego ellos no se entienden…

¡Que lastima!…

-Aguda respuesta, Adso. En efecto, he formulado la proposición de que a igualdad de espesor debe corresponder igualdad de poder visual. Y lo he hecho porque en otras ocasiones he tenido intuiciones individuales del mismo tipo. Sin duda, el que experimenta con las propiedades curativas de las hierbas sabe que todos los individuos herbáceos de igual naturaleza tienen efectos de igual naturaleza en los pacientes que presentan iguales disposiciones. Por eso el experimentador formula la proposición de que toda hierba de determinado tipo es buena para el que sufre de calentura, o de que toda lente de determinado tipo aumenta en igual medida la visión del ojo. Es indudable que la ciencia a la que se refería Bacon versa sobre estas proposiciones. Fíjate que no hablo de cosas, sino de proposiciones sobre las cosas. La ciencia se ocupa de las proposiciones y de sus términos, y los términos indican cosas iguales. ¿Comprendes, Adso? Tengo que creer que mi proposición funciona porque así me lo ha mostrado la experiencia, pero para creerlo tendría que suponer la existencia de unas leyes universales de las que, sin embargo, no puedo hablar, porque va la idea de la existencia de leyes universales, y de un orden dado de las cosas, entrañaría el sometimiento de Dios a las mismas, pero Dios es algo tan absolutamente libre que, si lo quisiese, con un sólo acto de su voluntad podría hacer que el mundo fuese distinto.

-O sea que, si no entiendo mal, hacéis y sabéis por qué hacéis, pero no sabéis por qué sabéis que sabéis lo que hacéis.

Debo decir con orgullo que Guillermo me lanzó una mirada de admiración:
-Puede que así sea -dijo-. De todos modos ya ves por qué me siento tan poco seguro de mi verdad, aunque crea en ella.



(Tercer Día, Nona)
(El Nombre de la Rosa, Umberto Eco)

Escrito por: Javier  Morera