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martes, 21 de octubre de 2014

¡QUE BELLO ES COMPRENDER!


-Ven aquí, Griet.
Dejé el trapo en el aféizar y me dirigí hacía él.
-Mira por la ventana.
Miré afuera. Hacía un día de viento, las nubes desaparecían detrás de la torre de la iglesia nueva.
-¿De qué color son esas nubes?
-Blancas, señor.
Él arqueó las cejas ligeramente.
-¿Seguro?
Les eché un vistazo.
-Y grises. A lo mejor nieva.
-Vamos, Griet, puedes hacerlo mejor. Piensa en tus verduras.
-¿Mis verduras, señor?
Él movió la cabeza levemente. Lo estaba haciendo enfadar otra vez. Se me tensó la mandíbula.
-Piensa en cómo separabas las blancas. Los nabos y las cebollas… ¿Son del mismo color blanco?
De repente lo entendí.

-No. Los nabos también tienen verde y las cebollas amarillo.
-Exacto. Y ahora, ¿qué colores ves en esas nubes?
-Tienen algo de azul -Dije, tras observarlas unos minutos-. Y… amarillo también. ¡y tienen algo de verde!
Me emocione tanto que me puse a señalarlas. Había estado mirándolas toda mi vida, pero me sentía como si las hubiera visto por primera vez en ese momento.
Él sonrió.”

Como sabéis esta semana leemos: “La Joven de la Perla” de Tracy Chevalier, que casi nos mete en la paleta de Vermeer…

¡Que bello es pintar!
¡Que bello es escribir!
¡Que bello es leer!
¡Que bello es comprender!



Escrito por: Javier Morera

miércoles, 27 de agosto de 2014

VERMEER, ESCRITOR AL ÓLEO


Para algunos expertos y muy autorizados doctores del arte, contemplar las obras de Vermeer es pura recreación visual, fascinación por lo que vemos y como lo vemos…

Para otros “intelectuales” y sabios en simbología, adentrarse en la obra de Vermeer es difícil, costoso y algo mas confuso que en las pinturas contemporáneas de pintores de su nivel formativo…

Todos coinciden en que el maestro de Delft supo utilizar el espacio con una maravillosa habilidad…el dentro y el fuera, las entradas y las salidas, el cerca y el lejos, el suelo y los habitáculos de esas casas holandesas del barroco… la perspectiva y los horizontes y las horizontales, y las diagonales…

Cuando ya se ha definido el espacio, casi siempre interior y cerrado, nos dirige con la luz… el tesoro en los países del norte, el rayo que explota y nos transporta… el vector recto, limpio, directo y señalador que nos conduce a los centros de la obra, al interés, al corazón de su mundo con la mirada de sus ojos…

No le fue necesario viajar a Italia para usar la luz de los grandes pintores… no necesitaba grandes exteriores con luminosos días de sol mediterráneo para regalarnos los brillos y los reflejos mas fuertes y mas lindos de los museos…

Se propuso contar sus narraciones con la luz, como verdadero idioma de la pintura y para usar palabras de ese lenguaje utilizó el color…

Nos dice con su paleta… qué debemos mirar… donde debemos mirar… y nos sentimos apasionados y admiradores de su espacio, de su luz, de sus colores… que son el diccionario mas sensible de una lengua visual y perfecta… imposible de hablar… inefable…

Tenemos pocos cuadros de Vermeer… como si él supiera que mirar y admirar uno de sus preciosos cuadros, nos iba a ocupar un tiempo intenso y extenso… sus obras son presentes de segundo y mirarse en ellas es horas de placer… es como leer y releer a Vermeer…


Escrito por: Javier Morera