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lunes, 25 de enero de 2021

VIRGINIA HA ENTRADO EN MI HABITACIÓN

Precisamente hoy, 25 de enero, se cumplen 139 años del nacimiento de Virginia Woolf… y comienzo este post con una cita de una de sus obras más importantes… y continúo como si ella estuviese en mi habitación… porque es cierto que cada libro guarda la esencia o quizá el alma de su creador/a… y al leer éste libro en este día tan especial… puede ocurrir algo realmente mágico… como me ha pasado en varias ocasiones con nuestro querido amigo Bécquer…


“Era una mañana de otoño preciosa, las hojas caían, rojas, lentas, hasta el suelo (...) La luz caía en rayos polvorientos a través de la ventana sin cortinas y el murmullo (…)”, de los niños en el recreo subía de la calle. El libro, abierto, sobre la mesa, esperaba paciente a que mis ojos leyeran cada letra, cada palabra, cada página, cada capítulo… y a la vez, en mi mente, se realizaba un complejo proceso de asimilación del maravilloso mensaje que guarda el ensayo “Una habitación propia”, de mi querida amiga Virginia Woolf.

Como decía, cuándo leo, a menudo, conecto mi mente con la de los autores/as de las obras, a través de sus palabras escritas, que alteran mis pensamientos y emociones… sin poder ejercer un control sobre ellas.

Pero además, hay textos que al descifrar las letras, que son palabras, que son pensamientos, que son sentimientos, que son emociones, siento que mi alma se reconoce en algunas páginas, se extasía con algún fragmento y así nos fundimos con cada palabra pensada… y una de esas personas que consigue crear en mi, este efecto sobrenatural, es: Virginia Woolf y más, en el día de su cumpleaños.

Su combinación poética, sensible… mágica de las palabras, ejercen un hechizo sobre mí… y siento como me guía por sus bellas reflexiones… sus sentimientos… sus verdades…

Y con ella me imagino ese tiempo en el que las mujeres no podían acceder a una biblioteca… y la difícil y trágica vida que hubiese llevado Judith, la posible hermana de Shakespeare…

Y lo impensable de que una mujer tuviera un sueldo y una habitación propia… y pudiera crear una obra de imaginación, como sería una novela… una poesía…

A continuación copio un fragmento de la página 145-146:

La libertad intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el principio de los tiempos. Las mujeres han gozado de menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres no han tenido, pues, la menor oportunidad de escribir poesía. Por eso he insistido tanto sobre el dinero y sobre tener una habitación propia.”

Es un libro corto, pero profundo y termina con esa poetisa que jamás escribió una palabra y que vive en cada una de nosotras, porque como dice Virginia, los grandes poetas no mueren, son presencias continuas, sólo necesitan la oportunidad de andar entre nosotros hechos carne.

En un día como hoy, no podía dejar de compartir esta magnífica obra, esta reflexión sobre la novela y la mujer que nos regala ella, la compositora de melodías. ¡Recordemos a Virginia! ¡Leamos sus obras! ¡Celebremos su aniversario!

No es necesario apresurarse. No es necesario brillar. No es necesario ser nadie más que uno mismo”.

 

En el año 2019, hablamos de su obra más famosa: Las olas.

LAS OLAS NO SON UN RIO (10-12-2019)

LAS OLAS DE LA VIDA (14-12-2019)

Escrito por Eva Morera

sábado, 14 de diciembre de 2019

LAS OLAS DE LA VIDA




No enviaré a mis hijos a la escuela, ni pasaré una sola noche de mi vida en Londres, Aquí, en esta amplía estación, todo son ecos y hueco tronar. La luz es como la amarilla luz bajo un alero, Jinny vive aquí. Jinny saca de paseo a su perro en estos pavimentos. Aquí, la gente recorre de prisa y en silencio las calles. Nada miran, como no sea los escaparates de las tiendas. Todos mueven la cabeza arriba y abajo, y sus cabezas están todas situadas, aproximadamente, a la misma altura. Las calles están atadas entre sí con hilos de telégrafo. Las casas son todo vidrio, guirnaldas y brillo…” dijo Susan en la segunda sección de “Las olas”

Adelina Virginia Stephen, más conocida con el apellido de su esposo: Virginia Woolf, nació en Londres el 25 de enero de 1882, y tuvo una vida rodeada de libros y de intelectuales, en lo que se conoce como el círculo de Bloomsbury, del que también formaba parte su hermana, Vanessa Bell aunque no tan conocida, fue una artista, qué en lugar de palabras utilizaba colores… fue una de las introductoras del impresionismo en Inglaterra…

Este jueves compartimos una tertulia sobre estas interesantes mujeres del S. XX… y en particular sobre “Las olas” (1931)… esa obra que al comenzar a leer te confunde y te sumerge en un mar lleno de olas… y cada vez te lleva en una dirección… hasta que te elevas en la ola que rompía en la playa del conocimiento… y con ella ves más allá de las letras… y sientes y al sentir, sabes más de los seis personajes que existen… del constante movimiento del libro, del paso del tiempo… de la vida. Y descubres que el protagonista de esos poéticos fragmentos que inicia cada parte, es el SOL… su trayectoria desde que nace hasta que muere en el horizonte de las olas… y que nada es casualidad…
El Sol es un milagro… como cada uno de esos seis personajes que aparecen en la obra…
Las olas son como las etapas de ese mar, que es la vida que nunca está quieta… el tiempo pasa…

Un texto muy original, muy poético, sin una trama concreta, sin diálogos, pero lleno de emociones y sentimientos, en el que lees los pensamientos  de esas seis personas que flotan en la corriente donde todo es liquido, todo fluye… y en el que se preguntan ¿Quién soy?...


Y os dejo con la última frase de esta obra… con la cita que cierra el círculo y el ciclo de la vida, por que las olas sí que tiene una estructura, un sentido, una dirección, mucha sensibilidad,  simbolismo y poesía:
Las olas rompían en la playa.

Escrito por: Eva Morera

martes, 10 de diciembre de 2019

LAS OLAS NO SON UN RIO


En el primer “momento” de lectura de Las Olas, de la celebre escritora Virginia Woolf, nos perdemos entre esas múltiples frases, pensamientos, situaciones… que nos gustan, pero no entendemos del todo…

“Islas de luz flotan sobre el césped”

En el segundo “movimiento” comenzamos a entender algo de la diferente mecánica de este texto… seguimos algo perdidos… pero una variable que es el tiempo comienza a darnos pistas… el sol sigue elevándose, los personajes crecen… se hacen constantes aunque siguen confusos…

“Ahí esta la muy poderosa locomotora, toda ella espalda y muslos, sin cuello, de color verde botella, jadeando vapor.”

Nos adentramos en esa tercera “nave” de relaciones relatadas… los protagonistas ya emergen con cierta personalidad… sus perfiles de conducta asumen subjetividades que los hacen reconocibles… El crecimiento físico les ha llevado a estudios y distancias… el espacio también existe… barcas cruzan lagos de juventud entre vegetación y decisiones…

“… Todas las horas algo nuevo aparece en la superficie. ¿Qué soy?, me pregunto. ¿Esto? No, soy aquello…

Por el cuarto “volumen” de este libro no muy grande, de menos de trescientas páginas, pero muy denso, sin capítulos, con más poesía disfrazada de prosa que historias explicitas de personas… nos situamos en una forma diferente, que se convertirá en referente, para contar poco, pero cantar mucho a la vida y la existencia sin rumbo, manejada y difusa de ese comienzo del siglo XX que se debatía entre crisis económicas, guerras y existencialismo decadente…

“… Para ser yo, necesito la iluminación de las miradas de otras gentes, y en consecuencia nunca puedo estar totalmente seguro de lo que soy.”

…/…

He atravesado el territorio sin sol de la no-identidad. Tierra extraña, por cierto.

Se va perfilando un devenir, un escribir, un tejer la vida desde el más íntimo subjetivismo y la completa y caótica vivencia del momento que no se sabe de dónde se ha generado y a donde nos conduce…

Os dejo en ese restaurante en que todos esperan al gran Percival que es amado y admirado… para despedirlo… por su viaje… que pronto sabremos que será más que un viaje geográfico…

Y así, tras haber descubierto el tiempo y el espacio, se siguen descubriendo otras dimensiones… nos encontramos con otros escritores contemporáneos que también viajaron por estos lugares como Scott Fitzgerald, James Joyce… y nos sumergimos en “la búsqueda del Tiempo Perdido" de Proust…

Esta semana lo escudillamos en nuestra tertulia… Nos daremos cuenta, si lo leemos, que las Olas no es como la mayoría de las novelas, un rio que tiene principio, desarrollo y fin… Nos daremos cuenta de que las Olas de Woolf es ya un rio desembocado en un mar que se agita y mezcla todo… en sus aguas sin forma, en sus fondos ignotos, en su aparente ritmo continuo observable… el oleaje sin principio ni fin…



Escrito por: Javier Morera