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domingo, 20 de enero de 2019

UN RELATO CORTO QUE RESULTA MUY INTERESANTE


Esta semana hablaremos de un relato corto de Antón Chéjov que se titula Un Pingajo, escrito en 1885.

Lo leemos en unos minutos ya que pertenece a esa maestría de Chéjov de decir mucho en pocas líneas y de darnos tema de mucho debate en pocas páginas.

Casi podríamos decir con Baltasar Gracián que “lo breve si bueno, dos veces bueno”… que preferimos los relatos cortos que dicen mucho en poco, a los que para decir lo mismo o menos, emplean mucho… distribuyendo tan excesivamente el significado que se pierde en densidad y certeza, apoyándose en mil pequeñas anécdotas insustanciales al tema que nos dispersan y a la postre nos pierden o nos cansan…

Chéjov, como medico que fue, usaba su pluma virtuosa como sus intervenciones quirúrgicas, procurando que el trauma de la cura fuera el menor posible, pero su alcance terapéutico resultara el mejor deseable…
Y así, en este relato nos abre una ventana para mirar el gran tema social de la fama, de la vanidad, de las expectativas, de la soberbia, de los medios de comunicación de masas y su influencia sobre la sociedad… de los poderes fácticos que algunos tienen sobre los medios de comunicación…

Y al fin nos damos cuenta de que el poder te hace poderoso… engreído… altanero… pero el poder se te puede quitar por otro que tenga mas que tu… y el antes poderoso que ahora no lo tiene pasa a ser lo mas bajo, lo menos querido, lo peor, la basura… no solo lo inútil, sino también lo odiado, despreciado…todo lo que fue envidiado y alabado, se convierte en ofendido y vejado… ¿Qué será del odiado y temido dictador sin su guardia pretoriana?...

La antigua estatua de magnificencia elevada en su pedestal, se arroja, se quiebra y se utiliza como vil cantera para hacer piedra que todos pisarán en la calzada publica…


Lee el relato… piensa… nosotros lo comentaremos el jueves…



Escrito por: Javier Morera

jueves, 2 de febrero de 2017

HISTORIA DE UN VIAJE...

“Lo he visto todo. No obstante, ahora no se trata de lo que he visto sino de cómo lo he visto.”


Este jueves hablaremos de Chejov, de su viaje por la vida, por su estepa…
Escribió este relato en 1888, cuando después de un largo viaje al sur del país, a los lugares de su niñez, vio que sus recuerdos, sus paisajes, habían sido devorados por la industrialización…
Yegorushka, nuestro protagonista de nueve años, al igual que Daniel el Mochuelo, personaje de Delibes en su obra El camino, tienen que despedirse de su casa, de su pueblo, de su infancia, para ir a la ciudad a estudiar… tienen que dejarlo todo por el progreso…y esa despedida les duele…
Deciden por ellos…y en su interior, se rebelan…
¿Por qué el mundo se organizaba tan rematadamente mal? Se preguntaba Delibes.
¡Qué bello es este mundo! Sólo hay una cosa en él que no funciona: el ser humano, decía Chejov.
Chejov, en su viaje, nos lleva por unos paisajes que hablan, que sienten… impregnados de nostalgia, melancolía, tristeza y cierta desesperanza.

“En cuanto se pone el sol y la tierra se cubre de tinieblas, la melancolía del día se olvida, todo se perdona y la estepa respira aliviada a pleno pulmón. La hierba, como si en la oscuridad no viera su vejez, levanta una joven y alegre crepitación, inédita durante el día; los crujidos, los silbidos, los roces, los cantos de los bajos, los tenores y los sopranos de la estepa, todo se mezcla en un estruendo monótono, incesante, que incita a las evocaciones y a la melancolía…Si se mira el cielo verde pálido, sembrado de estrellas, completamente limpio de nubes y de manchas, se comprende por qué el aire tibio está inmóvil, por qué la naturaleza está en guardia y teme moverse: siente temor y pena de perder un solo momento de vida. Solo en el mar y en la estepa, en una noche con luna, es posible apreciar la inabarcable profundidad y la inmensidad del cielo. Es terrible, sublime, afectuoso, tiene un aire lánguido y seductor, pero su ternura da vértigo.”

“Por alguna razón, cuando se contempla el profundo cielo durante largo rato, sin apartar de él los ojos, los pensamientos y el alma se funden en un sentimiento de soledad. Empieza uno a sentirse irremediablemente solo, y todo lo que hasta entonces había considerado próximo y querido se vuelve infinitamente lejano y pierde su valor. Las estrellas, que brillan en el firmamento desde hace miles de años, el mismo cielo incomprensible y la penumbra, indiferentes a la breve vida del hombre, oprimen el alma con su silencio cuando uno se queda frente a ellos y trata de comprender su sentido; pensamos entonces en la soledad que nos espera en la tumba y la esencia de la vida se nos antoja desesperada y terrible…”

Nos muestra también a través de sus personajes diferentes prototipos de la Rusia de la época.
Escritor y médico, luchó contra la ignorancia, el tedio, el despotismo, amante de la independencia y la libertad, fue un hombre no involucrado en la política del momento, pero noble y generoso con los menos pudientes… financió de su bolsillo escuelas para campesinos y bibliotecas, legó parte de sus bienes para la alfabetización de los niños y como médico ayudó en hambrunas y epidemias…
Simple y complejo… supo poner de relieve los aspectos más tristes y ocultos de la naturaleza humana, pero como él mismo dijo… amó la vida.



Escrito por Rosa Andrés
2 de febrero de 2017