El 6 de junio de 1799,
hace 227 años, nació en Moscú, el que se conocería como Alejandro Pushkin.
Creo que todos los
aficionados a la literatura, especialmente en sus modos románticos y poéticos,
le conocemos… perteneciente a una familia culta, de la nobleza, educado y
preparado para encargase de labores administrativas y con una arrogante y
poderosa facilidad para todo lo emocional… juego, romances, duelos… pero
también cargado con la habilidad y sensibilidad del romántico…Aleksandr era
como Lord Byron, Stendhal, Zorrilla… una maravillosa pluma que en breves líneas
configuraba un poema inolvidable o redondeaba una pequeña historia que se
convertiría en un modelo, un hito, un tópico, un titulo de fama y proporción
universal…
Así todos conocéis al célebre
Oneguin, que hasta en ópera de Tchaikovski se ha convertido, o La Dama de
Picas… La Hija del Capitán… y tantos otros, cortos pero entrañables relatos de
Pushkin.
Hoy, celebrando su
cumpleaños, quiero rememorar a ese cuento cortito y misterioso que es: El
Disparo, escrito en 1830, en el que nos relata, con clara precisión,
sin gastar en detalles superfluos ni descripciones distractoras de la esencia
del relato… la historia, a lo largo de varios años y episodios, de un duelo, de
un grave problema emocional de un duelista, que no se resiste simplemente a dar
muerte a su “contrincante” sino que desea, espera, persigue y lo consigue, una
satisfacción, no en matarle, que no es su objetivo, sino en vengar su ofensa
haciéndole pasar miedo, angustia, cobardía…
Es muy bonito el relato,
pero especialmente, es interesante el clima psicológico con el que este autor
romántico trata la cuestión… Y así os invito a leerlo y pensar en su interés
para desnudar la verdadera razón de esas situaciones de duelo y esas maneras
exigentes y difíciles con las que se enfrentaban en esas épocas del siglo XVIII
y XIX.
Una breve cita de este
texto:
Su ocupación predilecta era ejercitarse en el tiro a pistola. Las paredes de su cuarto estaban tan acribilladas de balazos, que parecían paneles de una colmena. Una rica colección de pistolas constituía el único lujo de la miserable casucha que habitaba.
La destreza que había adquirido simplemente en el tiro, era increíble, tanto como para que, de haberse propuesto acertar de un balazo un objeto puesto sobre la gorra, ninguno de los de nuestro regimiento hubiera vacilado en ofrecerle su cabeza como blanco.
También observamos en
este y otros relatos del mismo autor, la importancia que otorga en las
situaciones y sus desenlaces, todo lo casual y misteriosamente siniestro… como
si el destino fuera una especie de embudo o encrucijada por la que nos volvemos
a encontrar en otros lugares, por otras causas, con las mismas situaciones…Y
allí vemos esa otra cara romántica de tantos relatos que al igual que nos
ocurre en Edgar Allan Poe, nos hace
pensar en fantasmas que nos conducen a nuestro inevitable destino…
Por cierto… curioso que
unos años después de escribir este cuento, Pushkin fuera muerto en un duelo.
Escrito
por: Javier Morera

