Seguramente muchos reconocemos este fragmento de una
clásica novela de la literatura universal…
“Sacudió la cabeza, levantóse de un salto de la butaca, dio un par de vueltas por la estancia y tomó asiento detrás de la mesa de escritorio; después, abriendo uno tras otro todos los cajones, se puso a revolver papeles, cartas antiguas, la mayor parte cartas de mujeres. Él mismo ignoraba por qué hacía eso, pues no buscaba ninguna cosa. Su único objeto era librarse, por medio de cualquier ocupación, de los pensamientos, que le perseguían como una pesadilla. Desdobló al azar algunas cartas. Una de ellas contenía una flor seca, rodeada por una cinta ajada. Se encogió de hombros, echó un vistazo a la chimenea y puso aparte las cartas, como si se hubiese dispuesto a entregar a las llamas esas inútiles reliquias. Siguieron sus manos explorando febrilmente los cajones; de pronto abrió los ojos de par en par y atrajo suavemente hacia sí una cajita octógona, de forma anticuada, y levantó despacio la tapa. Dentro de esa caja, entre dos capas de algodón en rama amarillento, hallábase una crucecita de granates.
Durante breve rato examinó esa cruz con aspecto trascordado; luego, de pronto, lanzó un breve grito”…
Se nos describe con realismo y acertadas frases los
estados de ánimo, las percepciones, los sentimientos de un varón mayor (52
años) ante esas horas difíciles del final del día y la entrada de una noche…
que no solo es término de esa jornada, sino también noche de la juventud,
oscuridad y desamparo de la vejez, del final de la vida.
Estamos hablando de la novela de Turgueniev, Lluvias
Primaverales, una obra maestra del relato, en pocas páginas, de toda una vida y
un personaje tan común entre los “privilegiados” señores rusos del siglo XIX.
Con su ágil pluma, Turgueniev, nos da cuenta de toda una sociedad escindida en
ricos y pobres, donde los poderosos solo tienen que “disfrutar” y los siervos
obedecer y trabajar… Nos introduce en esos tipos curiosos que viven a su aire…
otros que viajan y juegan… enamoran… hacen la guerra o se baten en duelo… Pero
especialmente, esta obra, nos abre la visión de unos sentimientos… Empieza con
esas líneas que hemos visto, donde un varón maduro se ve cansado de no hacer
nada importante… y dejarse llevar por corrientes de moda y sin sentido… luego
nos contará, con más de detalle, uno de los episodios que había vivido sin
aprovechar… sin terminar… sin digerir… uno de los “momentos” que ha perdido
para orientar su vida por otros caminos más plenos y felices…
Si conocéis la biografía de Turgueniev un poco, no
es difícil entender que en esta narración nos está relatando su momento de
decisión frente a la “seductora” cantante Paulina Viardot que fue real y marcó
la vida de este autor. Cuantos más detalles de estos personajes conozcáis, mas
los relacionareis… y especialmente ese momento de la novela, en el capitulo
XLII cuando se lee:
-Por fin ¿dónde vas? -le preguntó ella-. ¿A París... o a Francfort?
-Iré donde tú vayas, y no te abandonaré sino cuando me arrojes -respondió él desesperadamente.
El autor le tituló Lluvias Primaverales, pero podría
haberla llamado: Relatos otoñales… una visión realista del devenir romántico de
Turgueniev.
Escrito
por: Javier Morera

