sábado, 16 de marzo de 2013

COME, REZA, AMA



Interesante película, pero mucho mas interesante el libro de Elizabeth Gilbert que le da el origen.
Con una gracia inusual en novelas autobiográficas, “Liz” nos cuenta en tres partes su gran aventura de saltar de una vida hiperorganizada por sistemas sociales anclados en el imperio del trabajo y la eficacia a una existencia humana, gozosa, sufriente y relantizada al paso eterno de la vida y el amor…
Miles de detalles y enseñanzas se pueden extraer de estas páginas, además de disfrutar de unas historias de personas reales y cercanas…. ¡Tantas citas se pueden sacar!… y muchas “leyes” de vida que no queremos aprender… como tantos autores, modelos y carismáticos lideres nos han ido dejando en múltiples formatos desde cuentos a doctrinas…
Como tantos maestros de vida, la autora nos vuelve a contar en primera persona y con su experiencia… que ser rápida y eficaz… no sirve si no sabemos para que queremos el tiempo ahorrado… que ser atractiva y tener muchas conquistas sexuales… no sirve mas que para tener muchas relaciones con “egoístas de sus placeres y miedos”… que triunfar… vender…. alcanzar el éxito… no sirve mas que a unos intereses que pueden NO ser los míos… en fin… que hay un ritmo… hay un camino… hay un rumbo… y que la música de fondo debe ser la del latido de nuestro corazón…

Elizabeth Gilbert con sus amigos en la India


Escrito por: Javier  Morera

sábado, 9 de marzo de 2013

EL VIEJO PUENTE




En la roca, majestuoso, altivo e inaccesible, estaba el castillo…
Para visitarlo hay que esforzarse por cuestas y puertas, hay que tener permiso de paso… hay que pagar el precio de someterse al poder o enfrentarse y superarlo…
Abajo, pasado el pueblo, sobre el ágil río Gallo, humilde y olvidado, estaba el puente… esperando a ser cruzado, invitando a seguir nuestro camino sin siquiera percibir que estaba allí, que lo hizo alguien, que lo cuido y restauró un montón de veces un montón de personas… para que pasemos por él… para que pasemos de él… para pisarlo sin ver el río… sin mojarnos los pies…
El puente viejo, precioso, en roca arenisca cargada de hierro, románico, casi romano, fuerte, sentado, seguro, sólido y sensato… el puente que nos une, que nos permite, que nos ayuda… el puente amigo, el puente fiel, el puente paso y el puente puerta, el puente clave de pasar o no pasar esos días de tormenta y riada… el puente franco…
No nos fijamos en él, habiendo allá arriba un castillo tan enhiesto… no le atendemos ya por ser viejo, pequeño, estrecho para nuestros usos actuales…
Algunos jugamos a ser castillos… inconquistables… abanderados de algo o de todo… otros  preferimos ser puentes… por donde la gente pasa… para facilitar el camino, para unir, para acercar, para hacer mas cómodo el tránsito…
Somos puentes de abuelos a nietos, somos puentes de amigos a desconocidos, somos puentes de gustos y de culturas…. Somos puentes de vida que deseamos desarrollar, comunicar, extender el cariño y el amor…. Como un viejo puente románico… tan fuerte, tan cruzado, tan útil, tan olvidado…



Escrito por: Javier Morera

sábado, 2 de marzo de 2013

CUANDO TE ENCUENTRE...


Seguimos este año con nuestro querido Nicholas Sparks. Su ciclo, iniciado el año pasado, continúa estos días en nuestra asociación con el libro y la película "Cuando te encuentre".
Y al igual que en la vida, por la que continuamente vamos tomando decisiones, eligiendo sendas, giros, cambios de rumbo, sin saber si somos juguetes de un destino...me he permitido abrir en este mundo de ficción, en el que todo es posible, un nuevo camino a este maravilloso libro, escribiendo una carta en la que Beth, en un momento crítico de su relación, le dirige a Logan, nuestro protagonista.



Mi querido Logan… mi gran amor:

Te escribo desde mi silencio, mi tristeza y mi soledad…
Llegaste un día a mi vida sin hacer ruido, sencillamente, caminando… venías de otro mundo… tan diferente… mundos más duros, desconfiados, agresivos y solitarios… de guerras inexplicables y amargas.
Pero poco a poco, a paso lento, nuestras vidas se fueron engranando, fuimos compartiendo espacios, trabajo, familia, te ganaste la adoración y admiración de los míos, de Ben, de Nana… y llegaste a mi corazón.
En un principio resultaba desconfiada, buscaba explicaciones, me hacía preguntas a las que no encontraba respuestas… casi de forma intuitiva sentía que algo me ocultabas, que tras ese aspecto de hombre tranquilo, correcto, amable… algo te atormentaba y rehuías de ciertas situaciones y conversaciones…  a veces una sombra de misterio y silencio velaba el brillo de tus ojos, y como una coraza que te protegía, resultaba impenetrable llegar hasta lo más profundo de tus pensamientos y de tus sentimientos… y mis dudas e incertidumbres permanecían latentes mientras convivían con profundos sentimientos que se iban despertando de amor y pasión hacia ti.
Confieso un cierto recelo, lo sé, no podía ser así, aquello no podía ser cierto, cada vez te iba viendo más perfecto, tan perfecto para mi que me gustaban hasta tus imperfecciones…
Lo cierto es que cada vez íbamos ganando más momentos juntos, compartiendo más ratitos de vida, construyendo un mundo sólo nuestro… en el que la sensación de felicidad y de plenitud cada vez era mayor.
Sentía que estaba viviendo un sueño… y no quería pensar que algún día sin saber cómo ni porqué… desaparecerías y aquella fuerza misteriosa, mágica que te hizo irrumpir en mi vida… se esfumaría… y las líneas del destino que nos habían unido volverían a separarse siguiendo sus caminos.
Hoy… mientras veo caer la lluvia con toda su fuerza… te escribo… son cartas desde mi silencio… sin destino…
Cuando supe lo de la foto, no pude entender que una foto significara tanto para ti, que se hiciera inseparable de ti… tu obsesión.
Después de la discusión, no pude evitar sentir que todo había sido una farsa, me sentí engañada, traicionada… pero tras la tormenta viene la calma… y lo que ha ocurrido entre nosotros es demasiado fuerte e importante como para perderlo. Me di cuenta que todo este tiempo que Keitch había manejado mi vida no había sido tiempo perdido, que todos estos años estaba esperándote… y como dice Nana... mi querido Logan… eres el hombre de mi vida.
Teníamos que hablar… debíamos aclararnos muchas cosas, expresar sinceramente toda nuestra tormenta interior, sin miedos pero sin hacernos daño, sin ocultar y sin malinterpretar… comunicarnos…
Volví a tu cabaña… empapada… llovía torrencialmente fuera de mí y dentro de mí… mi corazón galopaba según me iba acercando a tu puerta y ni un atisbo de luz ni de ti asomaba a ella… oscuridad… otra vez silencio…y lluvia.
He vuelto varias veces… te busco y no te encuentro… estás lejos… recorro los lugares que frecuentábamos juntos… como aquel bar testigo de nuestras conversaciones…
Paseo cada tarde por el camino hacia el río… y en mi fantasía apareces por el puente y paseamos como lo hacíamos entonces… cogidos de la mano. Tu presencia permanece cuando me siento al volante y recuerdo aquellos momentos robados… entre susurros y abrazos... y volábamos.
Vuelvo al papel… quisiera tener una dirección dónde enviar estas cartas, saber de un lugar donde encontrarte… pensar que tu corazón me está esperando… pero hoy me puede la desesperanza… siento que te he perdido, que tu alma vaga libre, viajero por algún lugar del mundo… y quizás algún día… un mensaje… una foto… una casualidad o un hilo del destino vuelvan a cruzarse en este complicado laberinto que es la vida…
Quizás… algún día… cuando te encuentre…



Escrito por: Rosa Andrés



martes, 26 de febrero de 2013

¡SI TENEÍS TIEMPO!



En su tercera “Cartas Desde mi Celda”, nos encontramos a un Gustavo Adolfo Bécquer mas triste, melancólico, casi depresivo, que ya no se acuerda de a quien ni para que escribe estas cartas desde su “interior” a ese abstracto y anodino lector de un periódico de Madrid, el “exterior”…
Y nos habla de un paseo… de un pueblo, de un castillo, de naturalezas y de ensoñaciones… pero especialmente nos escribe del cementerio… de las formas de enterrar… de su propia tumba… de sus diferentes visiones sobre sus posibles enterramientos en los diferentes momentos anímicos de sus etapas vitales…
Tal vez la carta más triste… tal vez la carta más bella… tal vez la carta mas intima donde la pluma libera pesares inconscientes y desde donde le podemos entender… su cansancio… su hastío… su desgana…
Al menos él tuvo la idea de pensar en como seria su enterramiento… nosotros no podemos… no tenemos tiempo… no queremos… hay que seguir trabajando o corriendo para hacer “algo”… hay que seguir con las “defensas del Yo”… hay que seguir creyéndonos eternos… y ocupados eternamente… o tal vez deseamos no tener tiempo para pensar en estas cosas…
Tres fragmentos bellísimos de esta carta para celebrar su magnifica ternura y sensibilidad… pero hay que leerla y releerla entera…
¡Si tenéis tiempo!

Escrito por: Javier Morera Betés

“Sucede con estos pueblecitos tan pintorescos, cuando se ven en lontananza tantas líneas caprichosas, tantas chimeneas arrojando pilares de humo azul, tantos árboles y peñas y accidentes artísticos, lo que con otras muchas cosas del mundo, en que todo es cuestión de la distancia a que se miran, y la mayor parte de las veces, cuando se llega a ellos, la poesía se convierte en prosa.”

“He aquí, hoy por hoy, todo lo que ambiciono: ser un comparsa en la inmensa comedia de la Humanidad y, concluido mi papel de hacer bulto, meterme entre bastidores sin que me silben ni me aplaudan, sin que nadie se aperciba siquiera de mi salida.”

“Ello es que cada día me voy convenciendo más que de lo que vale, de lo que es algo, no ha de quedar ni un átomo aquí.”




Cartas desde Mi Celda.
Fragmento de la Carta Tercera.
Publicada en “El Contemporáneo”, el 5 de junio de 1864
Gustavo Adolfo Bécquer




viernes, 22 de febrero de 2013

ESPERANDO…



“Como a la mitad de esta alameda deliciosa, y en un punto en que varios olmos dibujan un círculo pequeño enlazando entre sí sus espesas ramas, que recuerdan, al tocarse en la altura, la cúpula de un santuario, sobre una escalinata formada de grandes sillares de granito, por entre cuyas hendiduras nacen y se enroscan los tallos de las flores trepadoras, se levanta gentil, artística y alta, casi como los árboles, una cruz de mármol que, merced a su color, es conocida en estas cercanías por la Cruz negra de Veruela. Nada más hermosamente sombrío que este lugar. Por un extremo del camino limita la vista el monasterio, con sus arcos ojivales, sus torres puntiagudas y sus muros almenados e imponentes; por el otro, las ruinas de una pequeña ermita situada al pie de una eminencia sembrada de tomillos y romeros en flor. Allí, sentado al pie de la cruz, y teniendo en las manos un libro que casi nunca leo, y que muchas veces dejo olvidado en las gradas de piedra, estoy una y dos y a veces hasta cuatro horas aguardando el periódico. De cuando en cuando veo atravesar a lo lejos una de esas figuras aisladas que se colocan en un paisaje para hacer sentir mejor la soledad del sitio. Otras veces, exaltada la imaginación, creo distinguir confusamente, sobre el fondo oscuro del follaje, los monjes blancos que van y vienen silenciosos alrededor de su abadía, o una muchacha de la aldea que pasó por ventura al pie de la cruz con un manojo de flores en el halda, se arrodilló un momento y dejó un lirio azul sobre los peldaños. Luego, un suspiro que se confunde con el rumor de las hojas; después..., ¡qué sé yo!, escenas sueltas de no sé qué historias que yo he oído o que inventaré algún día; personajes fantásticos que, unos tras otros, van pasando ante mi vista, y de los cuales cada uno me dice una palabra o me sugiere una idea; ideas y palabras que más tarde germinarán en mi cerebro y acaso den fruto en el porvenir.”
Cartas desde Mi Celda.
Fragmento de la Carta Segunda.
Publicada en “El Contemporáneo”, el 12 de mayo de 1864.
Gustavo Adolfo Bécquer.

Si, Gustavo, tienes mucha razón, nadie como un romántico ve la maravilla en la naturaleza, en las humildes hierbas y las deliciosas flores de cualquier ribazo… nadie como tú, Gustavo, cantó mejor a la simple belleza y la tranquilidad de un paisaje solitario y olvidado, como los entornos del monasterio de Veruela en el cruce de caminos de Castilla, Navarra y Aragón… nadie como tú nos relató de forma más clara y emotiva la desesperanza de la espera… de esos correos del Madrid bullicioso y agitado que no se terminaba de decidir si liberal o conservador… nadie como tú nos deja más enamorados de esos claustros de Veruela…
En esta segunda carta te vemos sentado, casi tumbado, a la vera de la cruz negra, abrigado, con un libro que casi nunca lees… esperando… tu viaje… cansado de vivir tantas ilusiones… viendo como mueren tantas esperanzas… esperando…



Escrito por: Javier Morera Betés

domingo, 17 de febrero de 2013

FELICIDADES BÉCQUER



Hoy, 17 de febrero de 2013, hace 177 años que nació Gustavo Adolfo Bécquer.
Cada año, por estas fechas le dedicamos una tarde de nuestra Asociación a recordar y disfrutar de sus obras…
Esta vez, ya hemos realizado varias excursiones para visitar esos lugares desde donde se relatan las bonitas “Cartas desde mi Celda”… y hoy mismo hemos pasado unas horas releyendo algunos de sus románticos viajes por ese entrañable Moncayo que nos guiñaba el ojo entre nubes y nieves…
Este jueves próximo, hablaremos de Cartas y de Bécquer… y para que todos os subáis a ese tren que le traía en la Primera Carta de Madrid a Tudela, hace más de ciento cincuenta años, os ponemos el mejor homenaje a un escritor… su alma en tinta… sus escritos…
¡FELICIDADES BÉCQUER!
Sigues vivo en tus palabras inflamadas de pasión y de belleza…
Escrito por: Javier Morera Betés

“Estaba despierto; pero mis ideas iban poco a poco tomando esa forma extravagante de los ensueños de la mañana, historias sin principio ni fin, cuyos eslabones de oro se quiebran con un rayo de enojosa claridad y vuelven a soldarse apenas se corren las cortinas del lecho. La vista se me fatigaba de ver pasar, eterna, monótona y oscura como un mar de asfalto, la línea del horizonte, que ya se alzaba, ya se deprimía, imitando el movimiento de las olas. De cuando en cuando dejaba caer la cabeza sobre el pecho, rompía el hilo de las historias extraordinarias que iba fingiendo en la mente y entornaba los ojos; pero apenas los volvía a abrir, encontraba siempre delante de ellos a aquella mujer, y tornaba a mirar por los cristales, y tornaba a soñar imposibles. Yo he oído decir a muchos, y aun la experiencia me ha enseñado un poco, que hay horas peligrosas, horas lentas y cargadas de extraños pensamientos y de una voluptuosa pesadez, contra las que es imposible defenderse; en esas horas, corno cuando nos turban la cabeza los vapores del vino, los sonidos se debilitan y parece que se oyen muy distantes, los objetos se ven como velados por una gasa azul, y el deseo presta audacia al espíritu, que recobra para sí todas las fuerzas que pierde la materia. Las horas de la madrugada, esas horas que deben tener más minutos que las demás, esas horas en que entre el caos de la noche comienza a forjarse el día siguiente, en que el sueño se despide con su última visión y la luz se anuncia con ráfagas de claridad incierta, son, sin duda alguna, las que en más alto grado reúnen semejantes condiciones. Yo no sé el tiempo que transcurrió mientras a la vez dormía y velaba, ni tampoco me sería fácil apuntar algunas de las fantásticas ideas que cruzaron por mi imaginación, porque ahora sólo recuerdo cosas desasidas y sin sentido, como esas notas sueltas de una música lejana que trae el viento a intervalos en ráfagas sonoras; lo que sí puedo asegurar es que gradualmente se fueron embotando mis sentidos, hasta el punto que cuando un gran estremecimiento, una bocanada de aire frío y la voz del guarda de la vía me anunciaron que estaba en Tudela, no supe explicarme cómo me encontraba tan pronto en el término de la primera parte de mi peregrinación.”
Cartas desde Mi Celda.
Fragmento de la Carta Primera.
Publicada en “El Contemporáneo”, el 3 de mayo de 1864
Gustavo Adolfo Bécquer


jueves, 14 de febrero de 2013

CARTA AL AMOR




Mi queridísimo espíritu del Amor:
Hoy, como cada día, como siempre, quiero agradecerte tu existencia. Sin ti, la vida sería otra cosa, peor, fría, aburrida, sosa… tan materialista y tan científica que no valdría para nada…
Gracias a ti, maravilloso Amor, todo es de color, todo es brillante. Todo es melodioso y todo es gozo…
Gracias a ti, muchos de nosotros fuimos engendrados…
Gracias a ti, todos nosotros fuimos cuidados y mimados entre personas que tenían mil defectos pero un gran amor a cada uno de los que hemos crecido…
Gracias a ti, nos animaron, nos educaron, nos besaron las heridas… y fueron poniendo en cada corazoncito la semilla de Amor…
Gracias a ti, nos enamoramos… y entonces el universo exploto en cada segundo… y aparecieron las mil caricias… los mil besos… terminó el egoísmo, el miedo… la soledad…
Gracias a ti, la vida es maravillosa y la gente se hace soportable…. hasta llegar a ser adorable…
Gracias a ti, creemos en la felicidad y la encontramos  y la regalamos…
Gracias a ti, sol de nuestra vida, color de nuestros ojos, calor de nuestro corazón…
Gracias…. Muchas gracias… Amor…
Y…. ¿Cómo pueden vivir tantas personas grises sin conocer el Amor?...
¡Amor!, ¡Por Amor! ¡Visita a toda la humanidad!... ¡Déjate conocer!... ¡Dales la sal y el color de la vida a todos!...
¡Por Amor!



Escrito por: Javier  Morera