Gaarder nos vuelve a
sorprender. Lo primero que te ocurre cuando lees cualquier libro de Gaarder, es
que te sorprende, recibes sus letras y lees sus conceptos mientras adoptas la
cara infantil de la sorpresa y la emoción del descubrimiento…
Poco a poco, pasas a la
satisfacción de un estado de alegría, de gozo, de gusto y de buen gusto…
¡Te encanta!
Luego, cuando los procesos metabólicos
están haciendo su tarea intrapsiquica para digerir los productos moleculares de
tan compleja filosofía cognitiva, entonces, aparecen pequeños rasgos de
envidia… ¿Cómo no había pensado yo esto antes?... y son vencidos por
“Mecanismos de Defensa del Yo” tranquilizadores de Identificación egocéntricos…
¡Ya
lo había observado yo eso hace mucho!...
Así el maestro Gaarder nos
lleva desde el estadio infantil del hallazgo hasta el senil de “ya
te lo decía yo”…
Mientras tanto creces, maduras,
aprendes, disfrutas y dejas de ser manipulado por esa cultura pasota y absurda
de vivir el momento y no pensar para así poder saborear ese helado de jengibre
mientras tus nietos están perdidos en algún lugar del Parque Jurasico…
Gaarder esta semana nos lleva a
“El
Castillo de los Pirineos”, pintado por un belga muy “surrealista” y a
tratar el problema del creer o no creer, del amar o trabajar, del Romanticismo
o del Nihilismo, de vivir o morir para el mas allá…
¿Y tú, que haces esta semana?
Yo termino este post como he
comenzado, con Gaarder
Escrito por: Javier Morera
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