Cuando leemos un texto sin conocer su autoría y nos
piden su posible “firma”, tras releerlo atentamente, después de buscar los
típicos rasgos de “estilo”, los modos lingüísticos, los ambientes tópicos y la
forma de presentarnos el relato… Intentamos identificarlo, localizarlo,
atribuirlo… temas, significados, personajes,… hasta decidirnos por una
“clasificación”… que suelen ser más encorsetadas y rígidas que la riqueza y
diversidad de las épocas, de los autores y de los paradigmas de Academia.
Es una forma de hacer del saber humano simplificador
y categórico, que siempre nos ayuda a conocer y distinguir, hasta que se vuelve
en contra y nos confunde… Y aparece el reduccionismo que prejuzga más que
analiza, que distorsiona más que concentra, que despista más que entiende…
Te invito a que leas este texto y lo relaciones con
un autor y una categoría literaria…
-Todavía no he cometido nunca un error, señor, -añadió agitando la
cabeza -jamás he confundido la llamada del espectro con la del hombre. La
llamada del fantasma es una extraña vibración en la campana que no viene de
parte alguna, y no he afirmado que la campana se mueva delante de los ojos. No
me extraña que usted no la oyera. Pero yo sí la escuché.
-¿Y estaba el espectro allí cuando miró?
-Allí estaba.
-¿Las dos veces?
-Las dos -repitió con firmeza.
-¿Querría venir conmigo hasta la puerta y mirar ahora?
Se mordió el labio inferior, como si lo que yo le había propuesto le desagradara,
pero se levantó. Abrí la puerta y salí hasta el primer escalón, mientras él
permanecía en el umbral. Estaba allí la luz de peligro. También la boca tenebrosa
del túnel. Los altos muros de piedra húmeda de la zanja. Y por encima, las
estrellas.
-¿Lo ve? -le pregunte fijándome especialmente en su rostro. Sus ojos
estaban tensos, pero no mucho más, quizá, de lo que habrían estado los míos de haberlos
dirigido tan ansiosamente hacia ese lugar.
-No –respondió -No está allí.
-Estamos de acuerdo -repliqué yo.
Volvimos a entrar, cerré la puerta y ocupamos nuestros asientos…
Es fácil que por hablar de trenes y vigilantes de
vías y túneles, decidas que es del siglo XIX… por los mundos civilizados, como
Europa o América del Norte… es posible que lo veas de misterio y siniestro,
oscuro y algo tenebroso… y ahí nos aparecen Edgar Allan Poe, Arthur Conan
Doyle, Ágatha Christie…
¡Pues no!… se trata de un pequeño relato algo oscuro
y casi romántico, titulado EL GUARDAVIAS
publicado en 1866, y escrito por Charles
Dickens… autor que todos conocemos mas por sus grandes obras donde se
relatan de forma realista y extensa, los dramas y aventuras de esas clases
sociales pobres que sufrieron la revolución industrial en los finales del siglo
XIX en la Inglaterra Victoriana…
Hoy 7 de febrero de 2026, se cumplen justamente los
2014 años del nacimiento de este autor tan internacional y leído.
Y hablando de fechas y curiosidades… este relato lo
escribió tras haber sufrido él mismo, un accidente de tren cuando volvía de un
viaje a Paris… en ese accidente hubo muchas víctimas y a nuestro autor le creo
mucho desasosiego, hasta casi rechazar desde entonces los viajes… El accidente
fue el 9 de junio de 1865… y Dickens murió el 9 de junio de 1870…
Un final digno de un romántico como Poe, ¿verdad?
Escrito
por: Javier Morera


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