Cuando llegan los primeros días de mayo, por estas
tierras españolas es fácil recordar esas citas historias de 1808 en que
sufríamos una solapada invasión de las tropas de Napoleón. Como es sabido, este
astuto guerrero francés, amparado en extender la Revolución y dar libertades a
pueblos y reinos, en realidad se anexionaba territorios pasándolos a su directo
dominio.
Con España, se aprovecho de una excusa de pasar a
Portugal para cerrar los puertos europeos a su gran enemigo: Inglaterra y entre
engaños y estrategias ocupó toda la península ibérica.
Cedieron o fueron confundidos gobiernos, reyes y
poderosos… hasta que el pueblo ayudado de algunos militares y visionarios se
lanzo a la calle… al monte, a los caminos… a la guerra que llamamos de la
Independencia…
Hay muchos documentos y testimonios de estos
desastres y heroicidades… pero uno de los relatos que de forma amena y novelada
me parece magnífico de toda esta crisis, es el libro: Guerra de la
Independencia, de Benito Pérez Galdós (1843-1920)… escrito unos pocos años
después de los hechos y tomando mil testigos, incluso familiares y cercanos de
lo que habían vivido en persona…
Recordemos que Don Benito fue un intelectual culto y
gran escritor, que nos recorre en su obra de Episodios Nacionales un sin número
de grandes momentos de la Historia de nuestro país.
También recordareis que este gran autor estuvo
varias veces propuesto para el premio Nobel de literatura, pero por extrañas
venganzas de compañeros y antiguos enemigos, no se lo concedieron nunca.
Os adjunto una cita de estos hechos que comento… en
el capitulo XXVI, del libro EL 19 DE MARZO Y EL 2 DE MAYO, del tomo I de la
Guerra de la Independencia.
“Durante nuestra conversación advertí que la multitud aumentaba, apretándose más. Componían la personas de ambos sexos y de todas las clases de la sociedad, espontáneamente venidas por uno de esos llamamientos morales, íntimos, misteriosos, informulados, que no parten de ninguna voz oficial, y resuenan de improviso en los oídos de un pueblo entero, hablándole el balbuciente lenguaje de la inspiración. La campana de ese arrebato glorioso no suena sino cuando son muchos los corazones dispuestos a palpitar en concordancia con su anhelante ritmo, y raras veces presenta la historia ejemplos como aquel, porque el sentimiento patrio no hace milagros sino cuando es una condensación colosal, una unidad sin discrepancias de ningún género, y por lo tanto una fuerza irresistible y superior a cuantos obstáculos pueden oponerle los recursos materiales, el genio militar y la muchedumbre de enemigos. El más poderoso genio de la guerra es la conciencia nacional, y la disciplina que da más cohesión el patriotismo”.
Para nosotros es literato, cronista y ameno recuerdo
de lo duro y difícil que debieron ser esas crisis para nuestros paisanos del
XIX…
Escrito por: Javier Morera
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