Cuantas veces nos encontramos con novelas que fueron
importantes en su época, famosas y muy comentadas, incluso que se las ha considerado
escalones que llevaron a nuevas líneas de escritura o temática… pero que ahora
es difícil sacar a la conversación o incluso encontrar físicamente en las
estanterías, no ya de librerías o de particulares, sino, incluso de encontrar
en una surtida biblioteca ciudadana.
Un ejemplo de lo que estoy comentando puede ser,
entre otros muchos, Las Minas del Rey
Salomón, del autor inglés Sir Henry
Rider Haggard (1856-1925).
Este relato, que se podría clasificar como romántico
en algunos aspectos, nos lleva por un gran viaje, a través del continente
africano, a finales del siglo XIX, con unos cuantos personajes típicos y muy
bien definidos, buscando al hermano desaparecido de uno de los protagonistas;
otros de los viajeros están motivados por la búsqueda de diamantes, e incluso, se
les une un nativo que resulta ser un príncipe destronado que busca resarcir su
linaje en el trono de una gran nación-tribu del mundo desconocido del interior
de África.
Cuando se escribe y se publica, provoca un éxito y
un triunfo para su autor, que es realzado en su fama de escritor y divulgador
de esos “misterios africanos”. También da lugar a un interés por estas
aventuras, por estos temas tan perdidos en el tiempo… y por esa forma tan ágil
y dinámica de ir superando aventuras y dificultades por parte de los distintos
protagonistas y sus peripecias…
Tanto atrae el tema, que pronto en el siglo XX es
llevada al cine… y se suceden las versiones… cambiando y alterando la historia,
los personajes…
Ahora, es difícil, como decía al principio,
encontrar a alguien que conozca la novela, tal vez, es más fácil encontrar a
personas que recuerden haber visto alguna de las versiones cinematográficas…
que, por cierto, pasan a ser consideradas de aventuras juveniles o incluso
infantiles…
No digo que sea una gran obra. Tampoco digo que sea
adecuada a la literatura actual que tanto gusta de otros enredos… Pero es muy
incorrecto juzgarla desde nuestros modelos y aun mas, si cabe, confundirla con
las variadas películas que solo tienen en común con esta novela, de época
victoriana, el titulo que las nombra, pero que sirven a otros intereses y
gustos.
Seguiremos leyendo y releyendo esas obras que
fueron, sino columnas de la literatura, si, al menos, escalones y sendas para
ir construyendo ese inmenso y maravilloso edificio que nos cobija y que
llamamos Biblioteca de la Humanidad.
Escrito por: Javier Morera

